domingo, 28 de noviembre de 2010

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domingo, 21 de noviembre de 2010

Somos nuestros sueños.


Con frecuencia es sumamente difícil asumir la realidad como tal y más difícil si esta realidad choca y derriba nuestros proyectos. La mayoría de mis proyectos surgen de los sueños, surgen de ese mezclar pedazos de memoria y rastros de imaginación. La realidad la tengo en el diario y hacemos lo mejor, los sueños nos permiten creer que hay posibilidades de un mundo mejor. Y a un mundo mejor le llamo a todos los lugares y actividades y relaciones interpersonales que se dan en la realidad cotidiana.

Hace unos años soñamos con hacer de la Facultad de Arquitectura la mejor del mundo. Para ello era indispensable transformar lo diario. Era evidente que el ambiente de trabajo ya no era el idóneo para ello. Pero confiábamos en que existían grandes posibilidades de mejorar si todos encontraran un mejor espacio, un mejor ambiente, una más prometedora manera de actuar e interactuar en la actividad que nos ha dado el quehacer de nuestras vidas.

El Diseño (así, con mayúsculas) es una actividad extraordinaria que debería de explorarse y explotarse al máximo por muchas razones. Es, hoy en día, la actividad de planeación que puede dar más certeza al logro de objetivos dentro del ámbito productivo, de tal suerte que sea posible mejorar la calidad de vida de los seres humanos eficientemente. El Diseño, con su adecuada definición metodológica puede alcanzar los objetivos de realización de todo aquello que el hombre requiere para vida. El Diseño de los objetos, el Diseño Industrial, provee a quienes tienen esa vocación, de las herramientas de conocimiento y recursos prácticos para desarrollar todos los objetos que el hombre requiere. El Diseño de los espacios, la Arquitectura, tiene en si los medios para lograr que el ser humano tenga el lugar para ser, y para hacer de manera plena, de acuerdo a su cultura, de acuerdo a los tiempos, de acuerdo a las condiciones ambientales, de acuerdo a la gestión de recursos naturales y su conservación. Y finalmente, el Diseño de la comunicación, recurso indispensable para la mejor convivencia, para poder establecer una mejor relación entre personas y entre instituciones y organismos. El poder comunicar ampliamente, de manera precisa los mensajes que de manera individual o colectiva se han de enviar, de poder recibir y procesar la información y el poder desarrollarse como mejores sociedades es vital.

Todo esto converge en formas similares de desarrollo de competencias para poder ser Diseñador. Todos ellos, Diseñadores Industriales, Diseñadores Gráficos y Arquitectos, tienen como actividad una definición de origen que se da en la manera como leen la realidad, detectan y estudian necesidades a satisfacer, determinan los medio para lograr esos satisfactores y realizan, por medio de metodologías específicas, los procesos para probar hipótesis que den el resultado esperado. De ser así, se desarrolla un proyecto específico, puntual, que nos lleva a la producción del bien deseado, esperando tener los mínimos o nulos porcentajes de error. Pero no siempre, quien se prepara para ser Diseñador, en cualquiera de sus variantes, reconoce con facilidad su vocación específica y su capacidad y talento para dar respuesta a ese llamado.

Un camino común al inicio de la formación como Diseñador, ofrece la posibilidad de encontrar, en un período relativamente corto pero suficiente, la identificación con los rasgos de personalidad que lleven al estudiante a formarse en la carrera que más corresponde a sus intereses y sus sueños. Y después, después a soñar con ser, al transitar por los estudios de la carrera escogida.

Y esperábamos, quienes soñamos con ese proyecto, que nacieran los deseos en otros compañeros docentes y administradores, la inquietud por integrarse a un proyecto que renovara sus intereses de realización, de identificación con sus sueños. Pero la realidad fue otra. Cuando las personas solo están pensando en su interés personal, ingresos económicos, status, conveniencias; poco tiempo tienen para compartir ideas y unirse a proyectos de otros, participar en ellos, intervenir positivamente.

Hoy, es triste reconocerlo, nuestra actividad académica es empañada por el hastío de profesores que no ven más allá de su salario catorcenal, de sus oportunidades de mejorar su ingreso, y de obtener un status de distinción (de papel) en la comunidad académica. Y los principales beneficiarios de nuestra responsabilidad, los estudiantes, seguirán siendo contagiados de este profundo desánimo.

Como diseñador veo claro que el resultado que obtendremos socialmente es raquítico. Diseñadores Gráficos, Industriales y Arquitectos que, si no es por su propio empeño, difícilmente darán un servicio de excelencia a la sociedad y a sí mismos. Y esos no eran nuestros sueños.